Pesadillas y terrores nocturnos

Las pesadillas y los terrores nocturnos son los dos trastornos de sueño más frecuentes en la infancia. Pese a que los signos que se presentan en uno y otro, en ocasiones, pueden confundirse, hay algunas cualidades significativas que los distinguen claramente.

Terrores nocturnos


Los terrores nocturnos se constituyen como una alteración de la fase profunda del sueño NO REM y suceden al pasar de la fase de sueño más profundo a otra de sueño más ligero. En la mayoría de los casos, este tránsito ocurre cada noche de forma gradual y sin ninguna perturbación. No obstante, si este pase se genera de manera muy brusca, pueden aparecer estas alteraciones.  Por consiguiente, los terrores nocturnos suelen ocurrir en las 3 – 4 horas siguientes a la conciliación del sueño, en tanto en que estas son las horas de mayor sueño profundo.

Con todo, es relativamente fácil reconocer los signos de estos incidentes. En general, un peque que atraviesa un episodio de terrores nocturnos se mostrará por lo común agitado y gritando y, en ocasiones, podrá incorporarse llorando y con la mirada fija en un punto concreto. Además, este no será capaz de interactuar plenamente con nosotros ni de respondernos coherentemente, y en nuestro intento por calmarle y tranquilizarle, sólo conseguiremos lo contrario.

¿Por qué se producen?

Como explica Rosa Jové en su libro Dormir sin lágrimas, los terrores nocturnos se producen por una incapacidad para aligerar ese sueño profundo durante la primera mitad de la noche.

Es importante recalcar que, pese a que es un momento muy angustioso para los padres, es un trastorno totalmente inocuo para el peque tanto física como emocionalmente, ya que, al día siguiente este no recordará el episodio.

Comúnmente, estos episodios suelen durar entre 1 y 20 min y, al finalizar, los niños vuelven a quedarse dormidos de manera bastante repentina.

¿Cómo debemos actuar?

Aunque parezca poco intuitivo, nuestra actuación debe ejercitarse al contrario de cómo nos diría nuestro instinto como padres, por el cual intentaríamos calmarle, cogerle en brazos y encender la luz para despertarle. Por duro que nos pueda resultar, recurrir a estos instintos no hará más que agravar los síntomas y alargar el tiempo que tarde en solucionarse.

De esta forma, en caso de sospecha de que nuestro peque esté sufriendo un terror nocturno, lo mejor que podemos hacer es protegerle para que no se haga daño y hablarle muy calmados y en voz muy suave, sin encender la luz ni tocarle. Asimismo, podemos probar a abrir la ventana de la habitación, ya que los cambios de temperatura pueden favorecer la transición a un sueño ligero.

Si seguimos estas pautas, es probable que en pocos minutos se calme, se acurruque y se vuelva a dormir. Con gran seguridad, al día siguiente no recordará lo sucedido y, en el caso de que lo haga, será mejor no recordárselo.

¿Cómo prevenirlos?

Es importante entender que hay una predisposición a estos episodios cuando el peque se ha acostado muy cansado y estresado. Así pues, es relevante:

  • Respetar las siestas durante el día y favorecer un buen descanso diurno
  • Realizar una rutina antes de dormir relajante y sin estímulos visuales
  • Evitar que la hora de acostarse sea muy tarde
  • Evitar actividades estresantes durante todo el día y, especialmente, antes de irse a dormir

Pesadillas


En contraste, las pesadillas son trastornos del sueño que suceden en la fase REM (la fase en la que se desarrollan los sueños). Estas suelen ocurrir en la segunda mitad de la noche, cuando el sueño REM es más frecuente, y pueden producir un despertar así como un recuerdo en el niño con sensación desagradable y miedo.

De nuevo, algunos de los signos que nos pueden permitir reconocer la existencia de este trastorno son los siguientes. En general, un peque que ha sufrido una pesadilla nos llamará llorando o muy asustado y, en ocasiones, será capaz de verbalizar que ha tenido un mal sueño y contarnos lo que sucedía en él. En estos casos, el niño necesitará apoyo físico de los padres. A pesar de todo, con luz y contacto físico este desasosiego suele mejorar al cabo de un rato.

Contrariamente a lo que sucedía con los terrores nocturnos, con este tipo de trastorno los niños suelen presentar miedo a volver a dormir, sobre todo si nos vamos de la habitación, y suelen ser capaces de recordarlo todo a la mañana siguiente.

¿Por qué se producen?

Las pesadillas aparecen usualmente sobre los 2 o 3 años, forman parte del desarrollo normal y son un modo de expresar experiencia vividas. Generalmente, están relacionadas con preocupaciones o miedos que experimentamos durante el día, aunque pueden existir otros motivos:

  • Falta de horas de sueño y sobrecansancio
  • Enfermedad, sobre todo si hay fiebre
  • Estrés o ansiedad causada por algún evento vital en su vida (llegada de un hermano, incorporación a la escuela, …)

Al igual que los terrores nocturnos, las pesadillas son un trastorno de sueño benigno al cual no debemos prestarle demasiada importancia si suceden de manera esporádica. No obstante, si estas suceden con mucha frecuencia, pueden afectar al descanso nocturno, por lo que deberíamos profundizar en los motivos de las mismas, en la medida en que, estas pueden señalar la exposición a una situación emocional para nuestro peque, quien puede no estar exteriorizándolo de ninguna otra manera.

¿Cómo debemos actuar?

Debemos ofrecerles todo nuestro apoyo, ya que puede que se encuentren en una situación difícil emocionalmente.

Acude a su habitación y abrázale hasta que se tranquilice.

Háblale en un tono de voz suave y tranquilo.

Explícale que el sueño que ha tenido no era real y que en su habitación está totalmente a salvo.

En caso de que nos quieran contar en qué ha consistido la pesadilla, es muy importante saber escucharle. Puede que este sea el único momento en que nos dé información sobre a qué problema emocional se está enfrentando durante el día.

Más aún, si las pesadillas han generado miedo durante el día o durante las noches siguientes, debemos ayudarle a superarlo. Para ello, podemos trabajar este temor mediante cuentos o dibujos, ofrecerle un muñeco que le dé seguridad o dejarle una luz tenue encendida si nos lo pide en la noche. Intentaremos darle alternativas y apoyo sin caer en llevarle de nuevo a nuestra cama o quedarnos a dormir en la suya, ya que esto reforzará la conducta y la aparición de dichas pesadillas las noches siguientes.

¿Cómo prevenirlas?

Lo primero de todo, asegúrate de que está durmiendo lo suficiente para su edad.

Reduce su estrés manteniendo una rutina relajante antes de dormirse y evita que se acueste tarde.

Evita videojuegos, libros o programas de TV de miedo, sobre todo justo antes de irse a la cama.

Principales diferencias


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CAUSA

Terrores nocturnosFenómeno propio del desarrollo influido por determinados aspectos como el sobrecansacio.
PesadillasHechos estresantes ocurridos durante el día.
Problemas emocionales.
Sobrecansacio

EDAD

Terrores nocturnos Pueden aparecer desde los 7 meses.
Máxima incidencia entre los 2 y 5 años.
Son muy raros en la adolescencia.
PesadillasAparecen a partir de los 2 o 3 años.
Máxima incidencia a los 7 años.
Pueden mantenerse en la adolescencia.

CUÁNDO OCURREN

Terrores nocturnos Durante el sueño profundo. En la primera parte de la noche.
PesadillasDurante el sueño REM. En la segunda mitad de la noche.

RECUERDO

Terrores nocturnos No
PesadillasSi

COMPORTAMIENTO

Terrores nocturnos Mirada fija, desorientación, no reconoce donde está, grita.
No interacción con el exterior.
Se agrava con la luz y el contacto.
PesadillasLlanto y miedo. Es capaz de verbalizar el sueño y se calma con el contacto y la luz.

AL DÍA SIGUIENTE

Terrores nocturnos No recuendan lo sucedido.
PesadillasRecuerdo del suceso.
Miedo a dormir solo.
Miedo a la oscuridad.

GÉNERO

Terrores nocturnosMás frecuente en niños.
PesadillasMás frecuente en niñas.

Conclusión

Las pesadillas y terrores nocturnos son alteraciones del sueño muy frecuentes a determinada edad. Son parte del neurodesarrollo normal de nuestros peques y no debemos preocuparnos por su aparición. Sin embargo, es importante saber reconocerlos, diferenciarlos y tener nociones cómo actuar según cada caso para no empeorarlos.

Si tienes dificultades con este o cualquier otro tema relacionado con el sueño de tu peque, puedes contactar conmigo. Juntos crearemos un plan personalizado que se ajuste a las necesidades de toda la familia.

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Emma Salado, coach sueño bebé

¿Puedo ayudarte?

Soy Emma Salado, matrona y coach de sueño infantil.

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